Una vez que la batalla por la conquista de Nicaragua se apaciguó, militares y conquistadores se asentaron en las metrópolis que fundaron en este territorio, empezaron una totalmente nueva vida, retomaron el calendario y volvieron a mirar las fiestas y tradiciones de su mamá patria. 

Los originarios de este suelo conocían los caldos y sopas, aun cuando por el clima no ocuparon el sitio preponderante que han tenido en los climas extremos del continente europeo. No obstante, como parte de la transculturización fueron asumiendo ciertos platos provenientes de los colonizadores y contribuyeron a fusionarlos con ciertos elementos locales, así como impusieron ciertos exponentes de su propia gastronomía.

Tal, nació la sopa de queso, que constituyó un sucedáneo de esas sopas de cuaresma de los españoles. El problema es que para dicha etapa básicamente no había pan, debido a que la harina de trigo se logró un bien prohibitivo debido al difícil suministro, los enormes impuestos y tasas y los peligros que representaron los piratas en la aventura del viejo al nuevo mundo, de esta forma que debió ser sustituida por el maíz.

De esta forma que, en vez de agregarle pan a la sopa, se confeccionaron unas tortas y en otras ocasiones roscas o rosquillas que imitaban al pan y la misma masa de maíz, fue útil para espesarla.  Para darle más sabor, con la época se le añadió queso a la masa. De esta forma ha sido como la sopa de queso, vino a transformarse en uno de los platos representativos de la temporada de cuaresma en Nicaragua.